¿Correr con música o sin?

En su primera columna, Carola Cares nos cuenta cómo ha cambiado su entrenamiento al correr con música y ahora sin ella. Lo importante: disfrutar cada trote.

Cuando comencé a correr, hace ya algún tiempo, salía siempre acompañada de algún dispositivo para escuchar música. En principio corría distancias cortas, pero aún así me gustaba la sensación de estar acompañada y más concentrada en las canciones que iban pasando, que en los kilómetros que iba recorriendo, quizás como una forma de hacerlo menos pesado o monótono.

Después, cuando comencé a entrenar de manera periódica y en un equipo, me di cuenta que la gran mayoría, por no decir todos, corrían sin música. Para mí era impensado, así que seguí con mi práctica habitual. Tengo una lista en Spotify que me encanta, a la que voy agregando siempre nueva música, principalmente reggaetón. Eso, hasta que corrí mis primeros 21K.

Estaba en el kilómetro 9, más o menos, cuando mi teléfono – que ya tenía la pantalla algo suelta – comenzó a fallar y a sonar cortado. Decidí guardar los audífonos y seguir así, en silencio, pero perdí demasiado tiempo y concentración tratando de arreglar el problema. Ahí escuché los gritos de la gente alentando, los niños dando la mano, las bandas tocando y, lo más importante, mis propios sonidos: la respiración, el ritmo, también el cansancio. Desde ese día empecé a mirar con otros ojos entrenar y correr sin música.

 Correr con música tiene algunas ventajas, sobre todo cuando estás comenzando. Puede hacer más agradable un entrenamiento largo o muy pesado, y si estamos muy cansadas nos sirve para distraer la atención. Si corres sola, también te puede dar una sensación de mayor compañía, muchas veces lo que necesitamos para motivarnos a salir de la casa en solitario.

Por otro lado hay estudios que dicen que la música adecuada nos haría correr más rápido, sin embargo, no cualquier canción rápida cumple esas características, y tampoco son todas de nuestro gusto. Al menos yo, soy muy mañosa con la música, y una mala canción me desconcentra un montón.

En el lado de las desventajas, la música puede distraernos. Si corremos en la calle podríamos exponernos a peligros innecesarios: un peatón distraído, un conductor desconcentrado, incluso un perro suelto. Si corremos de noche o en cerro, con mayor razón necesitamos los sentidos puestos en nuestro entorno. Por otro lado, afecta nuestra percepción de velocidad, haciéndonos creer que vamos más lento o más rápido de lo que de verdad estamos corriendo. En algunos entrenamientos puede no ser una complicación, pero si estamos preparándonos concienzudamente para una carrera, es importante mantener los ritmos que nos hemos propuesto.

También puede pasar que nos volvemos demasiado dependientes: si no encuentras los audífonos no sales, si el teléfono no tiene suficiente carga, lo mismo. Siempre es bueno ser capaces de correr sin necesidad de ningún otro artículo más que nuestras zapatillas. Al correr sin música hay mayor control y percepción de la velocidad y la respiración. Sobre todo cuando hago trabajo de pista, dejo todo muy bien guardado y solo me fijo en lo que marca mi reloj.

Ninguna de las dos opciones es mala o buena a priori, pero sí es importante ser capaces de correr sin música para que nuestro entrenamiento no se vea afectado si se queda el teléfono o los audífonos en la casa. Lo importante es encontrar la mejor manera de correr según tus objetivos y, sobre todo, disfrutar cada trote.

 

 

por

Periodista, corredora PM. No soy rápida, pero corro con ganas.

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