Palta de nuestros amores

La invocamos cada vez que pensamos en un rico desayuno ( en verdad en algo rico a cualquier hora) y no podríamos pasar mucho tiempo sin ella. Acá le declaramos nuestro amor incondicional a la palta.

Termina tu entrenamiento, estás cansada y obviamente, tienes hambre. Mucha. Cierra los ojos y piensa en lo más rico que podrías comer. Seguro lo primero que se te vino a la cabeza fue una marraqueta crujiente con mucha palta, esa verde y cremosita. Y si los astros se confabulan a tu favor: un rico huevo sobre ella. Súmale un café calientito y tenemos el desayuno perfecto ¿o no?

Ser una amante de la palta no es fácil. Pasamos momentos complicados, difíciles como cuando el mercado decide ponerse en nuestra contra y le sube el precio a nuestra querida fruta ( porque sí, la palta es una fruta no una verdura) ahí sufrimos un poco porque no podemos comerla tan seguido. O cuando la abrimos y su carne no es tan verde como la soñábamos, sino un poco negra y fibrosa; también sufrimos cuando un fin de semana, después de un entrenamiento, largo nos sentamos con las amigas a tomar desayuno y el mozo declara ridículamente orgulloso: “acá no le trabajamos la palta”…¡noooo, esa sí que es pesadilla! Señores dueños de restaurantes: si ofrecen desayuno, siempre tengan una opción con palta.

Las fanáticas de la palta tenemos también muchas alegrías. Nos salva cuando no sabemos qué comer y nos encontramos con una esperándonos en el refrigerador; nos satisface cuando tenemos más hambre de lo normal y lo mejor de todo, arregla cualquier comida fome y sin sabor, nada es malo si tiene palta. Con una palta en el plato la vida siempre es buena.

Y es buena también para nuestro organismo: tiene un alto contenido de grasas SALUDABLES. De hecho casi un 70% de su composición es grasa y promueve la baja del colesterol ‘malo’ del organismo. Está llena de vitaminas, sobre todo las pertenecientes al grupo B que son esenciales para el correcto funcionamiento del metabolismo. Y para la piel y la elasticidad de las articulaciones: mucha vitamina E.

Además sus aceites grasos de la palta promueven la absorción de los antioxidantes que consumimos.

Y como si fuera poco, tiene incluso más potasio que un plátano. Cada palta (100 g) proporciona un 15% de la ingesta diaria. Y un bonus: la misma cantidad contiene un 20% del ácido fólico que necesitamos al día. ¡Cómo no te vamos a querer palta deliciosa!

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