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Fractura runner: lección aprendida

Fractura runner. El diagnóstico debe ser, por lejos, la más temida por un corredor, pero quizás es la mejor lección.

Este fin de semana corrí mis primeros 10k luego de estar 5 meses sin correr. A finales de julio me desperté con un dolor de espalda muy fuerte que terminó con uno de los diagnósticos más temidos: fractura runner.

Esta era de sacro y, además, venía acompañada de una rotura del labrum. Pésimo panorama y sí, lloré con el doctor. El sacro, en palabras simples, es un hueso que está formado por cinco vértebras soldadas en el extremo inferior de la columna vertebral y que forma la parte posterior de la pelvis.

El labrum, por su parte, es una estructura blanda que cumple la importante misión de estabilizar la cabeza femoral en la cadera.

Si bien el traumatólogo me dijo que era ‘por estrés’, es decir, sobrecarga, el creía más en un movimiento brusco y debilidad de la zona, que el simple hecho de correr como la causa, pero el running es un deporte de impacto y lo sabemos.

A mi doctor lo conozco hace años y no tiene filtro, apenas entré a su consulta me miró y me dijo ‘Sin llorar, estamos mal”. Y de ahí vino la segunda peor cosa que podemos escuchar “no puedes correr hasta diciembre”.

“No voy a llorar”

Qué runner no lloraría con ese diagnóstico, además, el mea culpa se hace presente. Porque no nos pisemos la capa entre superhéroes: una fractura runner ( a menos que haya sido una caída o un golpe) será siempre consecuencia de la peligrosa ‘sobrecarga’.

Un error muy fácil de cometer por los corredores y la que no solo negamos rotundamente, sino que además cuando la diagnostican tenemos el tupé de decir ‘si yo no estaba entrenando tanto’.

No era mi primera lesión, pero sí la más grave hasta ahora. Sin embargo, aun con la pena de no poder correr en 5 meses, esta vez decidí no caer en la ‘depre por lesión’, porque alguna vez me convertí en el Grinch del running ( Mi año en zapatillas: La Grinch del running ) pero no caería en eso de nuevo.

Esta vez me dio miedo por primera vez. Había algo fracturado, había dolor y un doctor enojado que me dijo directamente: “Hott, esta fue de cadera, la próxima vez va a ser otra cosa”. Me lo tenía que tomar en serio, la recuperación y lo que haría en los próximos meses sería clave. Sin embargo, la orden fue ‘para de correr’, pero mantente en movimiento y cuida el peso.

Es que cuando te dicen meses sin correr, más que el reajuste del hueso en cuestión, hay otro ítem que preocupa inmediatamente al runner: ‘voy a perder mi estado físico’. Y si, así como uno lo mejore y lo mantiene, también es muy fácil retroceder. Y a esto me negaba por sobre todas las cosas.

El día siguiente

Por lo mismo, al día siguiente estaba sentada en la consulta de la kinesióloga y triatleta, Consuelo Jaeger, de la Clínica Diagnostra. Terapia, preparación física y bicicleta varias veces a la semana, fue el tratamiento elegido, “tienes que mantenerte en movimiento”, usó las mismas palabras que el doctor.

Seguí al pie de la letra cada instrucción de la Consuelo, no hice ni más ni menos, pero fui matea. Y hasta ahí todo bien.
El problema vendría luego de un par de semanas…me aburro en la bici. ¿Qué más hago? Y es que me disculparán los que hagan otros deportes, pero como correr, no hay.

Ante meses de pedaleo el Grinch podría haber tenido un glorioso retorno. Más no llegó, esto gracias a la afortunada intervención de una amiga, la Nacha, que también estaba fracturada: “Sole, tienes que ir a nadar”.

No diré que fue fácil, porque mi pasado en el nado sincronizado era bastante lejano a lo que significa nadar en serio. Una hora y media en la piscina, tres veces por semana a las 6 de la mañana, fue un nuevo desafío que no solo me ayudó a mantener el estado físico, sino que hoy, ya de alta, decidí no dejarlo y tomarlo como un complemento para mi entrenamiento.

En un principio me tragué todo el agua de la piscina, salía sin habla de lo cansada, pero hoy puedo nadar más de 3.000 metros en una mañana sin vaciar la piscina.

Así, entre kilómetros de bici, ‘lucas’ de piscina, y rutinas intensas de PF, pasaron los meses. Y el hashtag #teamlesionada desapareció. Pero aun cuando tenía muchas ganas de correr, el regreso esta vez fue diferente.

No solo me daba terror sentir algún grado de dolor, sino que el humano es un animal de costumbre, y el hecho de correr fue como hacerlo por primera vez.

Volver a las pistas

El primer día, lo recuerdo, 400 metros, fin. Todo era raro, las piernas no avanzaban, me sentía pesada, lenta, no quería correr al día siguiente. Pero con el pasar de los días las piernas fueron cediendo, aparecieron dolores nuevos que me asustaron, pero que al par de días desaparecían, poco a poco fui metros y minutos, y tanto los pulmones como el corazón reconocieron el correr, y la cabeza también comenzó a ceder y a relajarse.
No estoy corriendo como lo hacía hace 5 meses, todavía queda trabajo de recuperación por delante. Es lento y a veces frustrante, y los dolores me siguen asustando. Fueron 5 meses sin pena, pero con nostalgia, en los que la lección se aprendió.

Desde el día que me dieron de alta esos 10k fueron mi cima del Everest a alcanzar. Y debo decir que cuando los terminé mi primer pensamiento fue ‘Y los hice con la Nacha. No hubiesen sido los mismos primeros 10k si no los hubiese corrido con mi ártner del #teamlesionadas, con quien no solo compartí la misma kinesióloga, sino que además los entrenamientos de bici los fines de semana, con ruta del brunch incluída, y con la que nadé, y sigo nadando, ‘lucas’ en las mañanas.

Fueron meses sin correr, con rabia a veces, pero hubo control de sentimientos tristes al respecto, aprendí a seguir al pie de la letra las instrucciones, tanto del doctor y de la kine, como también del entrenador, y entendí que la sobrecarga es una tentación real y peligrosa con un solo culpable. Tú misma.

Tener una partner en el proceso y una kine enfocadísima en tu recuperación, y una recuperación al 100%, fueron la base de un proceso de rehabilitación consciente, sin pena y sin dolor.

Si hay algo que confirmé es que la sensación de volver a correr no tiene comparación con nada. Al que corre, el cuerpo y la mente se lo pide.

por

Periodista, peatona, runner AM y a veces PM. No tengo pedigrí de atleta, corro porque me gusta.

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