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Testimonio: Cómo aprendí a amar el rodillo

En cuarentena hemos tenido que modificar nuestros entrenamientos y encantarnos con nuevas disciplinas ha sido la parte buena del encierro. Una que cambio los cerros, por el rodillo fue la corredora de trail Carola Fresno que acá nos cuenta cómo se enamoro del entrenamiento en bicicleta indoor.

¡Jamás pensé que estaría frente a un espejo con calzas de ciclismo y feliz! La verdad la bici ha sido mi medio de transporte, para el paseo dominical o para salir de lesiones. Siempre miraba a mis amigas/os ciclistas y hasta me daba un poco de risa lo producidos que iban con sus trajes especiales, bien apretados, con cara de velocidad. Y es que hasta que a uno no le entra el bichito, no calza con orgullo aquella vestimenta.

Hace varios años que corro. Bien amateur hasta hace como 6, que empecé a correr en cerro, con entrenador y yendo a harta carrera. Siguiendo el modo no competitivo, pero motivada. El trail running es mi hobby y tengo clarísimo que no lo cambiaré por nada. Lo que siento cuando estoy corriendo es superior, y me fascina. Me conecto tanto que a veces hasta me da susto en los estado de meditación que entro. A mi personalmente me cambió la vida y la forma de disfrutarla.

Pero cuando te dicen que tienes que empezar a quedarte en casa, ojalá no salir a correr, te das cuenta que tu hobby estará en standby hasta nuevo aviso. Milagrosamente al mismo tiempo mi mejor amigo me manda un link, de un rodillo con descuento. Sin pensarlo mucho, con una MTB y sin saber cómo funciona el mundo de este aparto, lo compro. El 18 de marzo yo ya tenía en mi poder un rodillo ZPower.

Así comencé con el rodillo 

Instalé mi bici, me subo arriba y casi muero… esta cosa suena montones (y eso que mi rodillo era silencioso) ¿Qué hago? Menos mal me rodeo de triatletas y ciclistas que en menos de 1 hora me habían enviado opciones y consejos. Reconozco que gastar más plata en un deporte que no era el mío, por lo que seguí con mi bici como estaba a puro audífono y con una serie al frente. Hasta ese momento pedaleaba dos veces por semana, 40 minutos como máximo (creo que llegué a la hora una o dos veces).

¡Me sentía una ciclista innata! ¡Qué ridícula! Luego de unas semanas con mi bici en su estado natural, decidí seguir los consejos que me habían mandado, y compré un neumático de ruta y sensor de velocidad/cadencia, el cual obviamente no tenía idea cómo cambiar. Post 1ra cuarentena obligatoria apliqué nuevamente el llamado a la ayuda y me cambiaron el neumático trasero, haciendo que eso de “rodillo silencioso” comenzara a tener sentido.

Ahora que ya estábamos en esta, y que la cuarentena se venía para largo, había que de verdad convertirse en ciclista, porque mi límite era 1 capitulo de Billions, que duran aprox 60min. Así que empecé a seguir a un par de chiquillas ciclistas, y a las Reinas del Pedal, que junto a la Nacha Benavente han sido mi motor motivacional todo este tiempo. Me hice una cuenta en Swift, me metí a un par de meetups y me empecé a motivar cada vez más. De a poco los 60 min pasaron a ser 90, y los 90 a 120.

La primera vez que anduve más de 150min pensé que me moría. ¡No podía creerlo! Hasta hice un post en IG de este minuto porque de verdad me sentía traspazando límites que jamás pensé cruzaría. Supiera la Carola de ese día que un par de semanas después estaría pedaleando por 3 días seguidos en una carrera en donde participaban más de 90 chiquillas y en la cual con mi equipo (Caro Emhart e Inés Ortiz) quedamos dentro de los primeros lugares. O que a dos meses de este record personal, haría uno nuevo: 4hrs08min arriba del rodillo pedaleando a todo lo que daba el cuerpo en una carrera virtual de 108Kms con más de 1600mts de desnivel positivo.

Y es que eso de que hay que partir de apoco y cuidarse, no va mucho conmigo. Con el trail running fue igual. Cuando partí y empecé a competir (o mejor dicho, a participar en carreras) me fui directo a los 30K, y al poco rato estaba corriendo 50, o carreras de etapas en donde en 3 días hacías 100K. Y es que cuando me gusta y me motiva algo, pongo todas las energías en esa canasta. A veces el cuerpo no me acompaña mucho, pero lo bueno es que la cabeza normalmente si, y tengo una resistencia mental que hasta a mi misma me sorprende. No he dejado de lado la preparación física y/o yoga, pero claramente le estoy dando más tiempo al mundo de Swift.

Y si, jamás pensé que estaría comprándome tricotas, calzas con poto, cambiando pedales y pensando en si debo o no echarme vaselina previo a subirme al rodillo… esas eran todas cosas de mis amigos ciclistas. Y heme aquí, conversando sobre velocidad, cadencia, calas, sillines, tricotas, acolchados y rutas de Swift. Sobre lo poco molida que quedo después de un entrenamiento o una carrera, que es lo que más me sorprende de este deporte hasta ahora. Además de lo rico que es mirar el reloj y ver 700 calorías quemadas en 60min. Perdonen gente, pero eso para mi es un paraíso.

Sigo haciendo un par de horas de preparación física o yoga a la semana, pero claramente estos meses han tenido muchísimo pedaleo en vez de trotes, y agradezco cada vez que puedo, a quién me dio el dato y me motivó a comprarme este aparatillo.

Descubrir mundos, gente nueva y algo que te motive en momentos en donde con suerte puedes salir 2 veces por semana por 3 horas, es una bendición. Y es que para mi, la cuarentena y todo lo que el Covid conlleva (a pesar de estar chata del encierro, del no poder estar corriendo por el cerro o paseando por la playa o un bosque) a grandes rasgos ha sido positivo. Laboralmente ha sido duro, trabajo en turismo…  ¡imagínense! Pero personalmente ha sido todo un descubrimiento. Jamás pensé lograría estar conmigo, sola, tanto tiempo, y pasándolo bien. Pero pensar en no pisar un sendero en 4 meses era algo que hace muchísimos años que no hacía, porque quizás hace 12 años no corría como ahora, pero era guía de trekking en Patagonia, por lo que mi jardín era cualquier sendero que encontrara en el camino.

No sé cuándo fue la última vez que había pasado tanto tempo sin moverme de Santiago. Yo normalmente me escapo los fines de semana, o me subo a un avión para empaparme de Patagonia. Extraño a mis amigas, el poder reírme sin parar por horas, el salir a comer, irnos el fin de semana a la playa, organizar un viaje y concretarlo. El salir a correr a las 7AM con las niñas, o el fin de semana con el equipo de trail. Subirme a un avión. Bailar sin parar. Pero también cuando tengo todo eso, extraño el poder tener más tiempo para mi. El cocinar sin apuro, el sentarme por horas a leer, poder dedicar una tarde completa a ver una serie, o simplemente el aburrirme.

Se dice que de las crisis se aprende, que nunca es tarde para aprender algo nuevo, y que la actitud lo es todo. Y la verdad es que esto es 100% cierto, y yo he podido confirmarlo.

por

Josefina, periodista, corredora aficionada y editora de Ladyrun.

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