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Testimonio: Trote playero, mi mejor recarga de energía

Cambiar la calle, por la arena. Un trote playero siempre viene bien para cambiar de aire y ejercitar músculos diferentes. Nuestra columnista Ingrid Vignolo nos cuenta porque le gusta tanto ir a la playa en zapatillas.

¿Les gusta el trote playero? Cuando troto me despejo, se me libera la cabeza y lo que pudo haber sido un día insoportable queda atrás tras dar varias pisadas avanzando kilómetros. Aunque sea por cemento o en medio de tacos y bocinazos, que es mi escenario habitual en la semana.

Cambiar ese spot por arena, mar, olas y un poco de sol fue la mejor recarga de energía. Me arranqué a Iquique un par de días – zapatillas, calza y peto fue lo primero que metí a la maleta – y no saben cómo disfruté trotar por la arena (A la playa, ¡con zapatillas!) 

Es más cansador, las piernas se hacen más pesadas, cuesta a veces dar la zancada con más fuerza, pero todo se recompensa al ir avanzando y ver a otros en la misma que uno, corriendo con la sonrisa puesta, tener que hacerle el quite al agua de una ola más efusiva, cruzarte con perros completamente mojados, toparte con turistas con los zapatos en la mano caminando felices. Va a sonar muy cursi, pero me sentí más libre que nunca.

Sé que tiene desventajas, que los desniveles en la arena y terrenos blandos pueden ser peligrosos para la pisada, que hay una sobrecarga muscular importante, pero es bueno variar e ir probando nuevos caminos y nuevos formatos. Al menos, a mi me encanta.

Ahora ya volví a las pistas de siempre, pero ya estoy pensando en el próximo viaje que me lleve a un lugar con playa para volver a sumar kilómetros con un trote playero  ¡Vamos por más!

 

 

 

por

Josefina, periodista, corredora aficionada y editora de Ladyrun.

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